6 de junio de 2011

Las primeras comuniones

"Dejad que los niños se acerquen a mí" (Mc 10, 14).
Estas son las palabras de Jesús que debemos recordar al preparar la celebración de la primera comunión de un niño.
Los adultos tenemos la responsabilidad de evitar que la ilusión y la alegría que llevan dentro los niños se centren ese día en los detalles insustanciales que acaban deslumbrandoles y ocultando a Jesús, su amigo.

Tantos regalos, vestidos, banquetes acaban convirtiendo la celebración en una finalidad en sí misma y los niños la desean tanto que pierden de vista lo importante. Acaba sucediendo, que los niños con padres no creyentes, sienten envidia de toda la parfernalia que les permite ser el centro de una celebración y ellos también quieren celebrar algo así.
No os perdáis el artículo de González Faus titulado "De la primera carta de San Pablo a los Coringles". El lenguaje lúcido y la crítica mordaz al negocio que se ha montado alrededor de las comuniones nos ayuda buscar al Jesús pobre que se esconde en el pan consagrado. ¿Qué tendrá que ver todo este montaje con la última cena de Jesús en la que nos dejó la Eucaristía?
El sábado pasado celebramos las primeras comuniones de los niños de nuestra comunidad. La promoción 119 con sus catequistas y nuestros queridos curas (Manolo, Paco, Sergio, Jaime y Alfredo), las familias, los amigos, los miembros de la comunidad y el coro pudimos disfrutar de una ceremonia sencilla, cercana y centrada en Jesús. El detalle de que los niños vistan una túnica se hace imprescindible para evitar los despilfarros en vestidos. La homilía centrada en ellos para que la entiendan ("Jesús quiere ser amigo nuestro"). Y el detalle de regalarles una biblia para que aprecien que el mejor regalo es conocer a Jesús.

Desde ese día los padres ya pueden decir con orgullo: "ya no somos sólo padre e hijo, a partir de ahora también somos hermanos en una misma comunión". Dejemos que los niños se acerquen a Jesús facilitando las Eucaristías para ellos, dando ejemplo con nuestra asistencia y haciéndonos nosotros niños para que Jesús nos acoja.