3 de enero de 2013

¿Cuantos han ido a misa?

De entrada ya aviso que la pregunta me parece una tontería por las consecuencias que trae el intentar contestarla. La preocupación por el número de los asistentes es una distracción de lo importante: encontrarse con Jesús. Y hemos tenido el ejemplo con la misa de las Familias en la Plaza de Colón y cómo se valora su éxito por el número de asistentes.


En el caso de la pequeña comunidad en la que nos conocemos todos, la asistencia cobra otro sentido. Cuando falta alguien, le echamos de menos y no nos preocupamos por el número sino por estar unidos.

Pero cuando hablamos de la Iglesia en general, lo que me preocupa es el interés de muchos obispos en medir la acción de Dios con las cifras de asistentes. Y ese interés proviene de tener otros objetivos distintos de los que tenía Jesús:
- Cuando gobernaba el PSOE, las convocatorias de las misas multitudinarias buscaban demostrar que hay muchas personas con una opción política distinta.
- También se pretende "dar testimonio de Iglesia" asistiendo a las misas para que se reconozca el peso de la Iglesia en la sociedad.
- Otro motivo es sentirse arropado por la masa, cuantos más seamos más reconfortado me siento de pertenecer a un grupo importante.
- Y el motivo más sencillo: me llaman y me siento obligado a ir sin plantearme los motivos más profundos.

Parece que la Iglesia imita al Ejército. En una fecha especial sacan a sus efectivos de sus habituales quehaceres, cortan la Castellana, y hacen una demostración de su presencia para recordar a la sociedad que existen. Es una acción de marketing que pretende transmitir una imagen determinada, unos valores y una relevancia que los medios de comunicación no le reconocerían con las actividades normales.

Pero la Eucaristía es otra cosa. Es el encuentro de los cristianos con Cristo.
Él mismo nos decía: "En eso conocerán todos que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros" (Jn 13, 35). No hay otra manera de dar testimonio ni podemos buscar otras acciones para que nos reconozcan.
No hay que demostrar nada a nadie; hay que amar con humildad como lo hizo nuestro Maestro.

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