29 de marzo de 2014

Hablar o leer

Hay gente que cuando habla en público es capaz de recabar tu atención y además consigue que te enteres de lo que dice. El truco siempre consiste en que habla con el corazón y cree en lo que dice.
En esos casos no verás a la persona leyendo un papel, ni tampoco que dirija la vista a sus manos.
Cuando hablas a otra persona le miras a los ojos para conectar con ella y conseguir que valore tus palabras y empatice con tus emociones.

En cambio, cuando una persona habla en un micrófono en misa parece que está deseando pasar el trago y poderse sentar cuanto antes. Lee un papel muy bien escrito pero muy poco emotivo. Habla mirando el papel en lugar de mirar al auditorio. Transmite unas ideas en lugar de compartir unos sentimientos.

En primer lugar le puede ocurrir al cura que dice la homilía. Desde los curas que vuelven a leer las lecturas enteras hasta los que leen la homilía escrita que han sacado de Internet, hemos visto muchos casos en los que no tienen nada especial que compartir. Os recomiendo el blog de Alejandro Labajos sj sobre la homilía. Hace poco nos recordaba los consejos del Papa Francisco en la Evangelii Gaudium y decía, entre otros: "El lenguaje corporal se encargará de transmitirlo".

Pero también le puede ocurrir al que sale a leer las lecturas, peticiones o acción de gracias. No es sólo la falta de practica de hablar en público sino la falta de ganas de enfrentarte a la gente y abrirles tu corazón.

La próxima vez que te encarguen una acción de gracias no te esfuerces en escribir un gran papel porque pensarás que con salir a leerlo ya está todo hecho. Procura que el papel solo tenga un esquema de cuatro ideas, pero esfuérzate en el momento de transmitir lo que llevas dentro. Si la Palabra que te llena el corazón hace que rebose la boca, podrás dejar que Dios hable al corazón de las personas.